La función de la narrativa en la historia.
Narrar ha sido la manera natural de conservar la historia. Según Ortega y Gasset, desde tiempos remotos los individuos se reunían alrededor de las fogatas para comentar lo sucedido en el día, de esta manera, podían intercambiar experiencias y conocer a partir de lo contado por otros.
Narrar ha sido la manera natural de conservar la historia. Según Ortega y Gasset, desde tiempos remotos los individuos se reunían alrededor de las fogatas para comentar lo sucedido en el día, de esta manera, podían intercambiar experiencias y conocer a partir de lo contado por otros.
En el libro Narrar y aprender historia, Julia Salazar Sotelo afirma que "la narativa es la forma que asume la explicación histórica, es una manera de ordenar el caos", conforme el individuo se ve en la necesidad de oralizar las ideas, debe organizar sus ideas, estructurarlas, darle un orden, esto constituiría el cimiento de el pensamiento histórico.
"El pensar históricamente implica la temporalidad, como una vivencia de la realidad", es decir entendemos el pasado a partir de nuestras percepciones presentes, el contexto en el que estamos inmersos y a partir de nuestras propias ideas, lo cuestionamos y reconstruimos.
"El fin de la historia es la comprensión hermenéutica de las acciones humanas", considerando la hermenéutica como el arte de interpretar, el narrador histórico, es capaz de leer una realidad histórica, y apropiarse de ella, desde una´perspectiva crítica y permite el acercamiento de otras personas al objeto de conocimiento.
La narración es una manera de evidenciar que se ha sido capaz de aprehender una circunstancia histórica, de comprender que se ha entendido el evento, lo cual va más allá de la relación objeto-dato.
Para que la narración pueda ser comprendida por los alumnos debe presentarse de manera comprensiva, presentar un argumento lógico, de acuerdo a la información histórica, con cierta coherencia de los hechos dentro de una trama y un relato reconstruido.
Según Boix y Gardner, el aprendizaje de la historia debe apuntar hacia la investigación interpretativa: reconstruir los motivos y creencias de la gente y reconstruir instituciones, estructuras sociales y prácticas culturales en las cuales vivieron.
Los relatos de la abuela.
Un día que yo estaba fastidiando a mi hermanita, mi abuela empezó a contarme una historia:
-Hace muchos años, cuando estudiaba la primaria, la maestra Conchi me contó que hubo un hombre que se llamaba Francisco I. Madero, provenía de una familia adinerada que lo mandó a estudiar a Francia y Estados Unidos.
Al regresar a México se dio cuenta de la vida que llevaba la gente del pueblo, como le interesaba la homeopatía, el mismo curaba a la gente del pueblo… procuraba que tuvieran una mejor calidad de vida. También se fijó que los obreros no eran tratados con justicia, y cualquiera que quería protestar, era reprimido o asesinado. Por eso junto con un grupo de amigos formó el “Club democrático Benito Juárez” fundó el periódico “El Demócrata”, desde donde animaban a la gente a participar en los comicios y les daban a conocer sus derechos.
Como Porfirio Díaz llevaba 30 años siendo presidente, Madero se propuso luchar por un gobierno que respetara al pueblo y su voluntad.
Escribió un libro llamado “La Sucesión Presidencial de 1910”, la gente se burlaba de aquel joven que se atrevía a desafiar a Don Porfirio. Sin embargo, no se detuvo, comenzó una campaña política, y junto con su esposa, visitó casi todo el país fundando un Club Antirreleccionista en cada lugar.
La gente se sentía animada. Díaz al ver que la cosa iba en serio, lo mandó a apresar, se hicieron elecciones y por supuesto “ganó” Díaz. Mucha gente fue apresada. Por eso la gente fue convocada mediante “El Plan de San Luis” para que el domingo 20 de noviembre de 1910, se levantara a luchar por su libertad, por su derecho a elegir a sus gobernantes, por la democracia… trrrrrin, interrumpió el timbre que indicaba la salida…
-Abuelita ¿qué pasó?
-Hijo. No lo sé, ya no pude regresar a la escuela porque tuve que empezar a trabajar.
-¡Ah, qué pena!
-No hijo, yo aprendí que el esfuerzo, la decisión y los ideales puros pueden cambiar una vida e incluso la historia de un país.
-¿De verdad crees eso abuela?
-Claro, tú también puedes dejar huella en la historia de México, y si quieres saber qué sucedió con Madero, acompáñame a la biblioteca, que nunca es tarde para aprender.
Tomé un abrigo y seguí a mi abuelita…años más tarde, me di cuenta que las narraciones de mi abue, siempre terminaban en la biblioteca.
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